El sabio Oráculo de Delfos dijo hace muchos siglos que el hombre era el único animal que tropezaba con una piedra dos veces. La historia no ha podido hasta ahora refutarlo y, mucho menos en Tucumán, donde los obstáculos y los tropezones parecieran volverse crónicos en diversos aspectos, y lo más preocupante es que pueden provocar accidentes y hasta la muerte. Ello sucede, por ejemplo, cuando perros de razas potencialmente agresivas atacan a alguien.

Ello sucedió el viernes en Inca Garcilaso al 1.200, cuando dos pitbull atacaron a un hombre que vendía bonos contribución de puerta en puerta para la Asociación de Bomberos Voluntarios de La Florida. Este se acercó a una vecina que barría la vereda. Por el portón abierto salió uno de los canes y mordió al hombre en la cara y en el cuello, mientras que el segundo pitbull lo tomó de la pierna. Ensangrentado y casi desvanecido, fue trasladado en taxi al hospital Padilla. Luego, el director del nosocomio informó que la víctima había sufrido heridas leves. Los vecinos dijeron que los perros habían atacado antes a una señora que casi perdió un ojo, a un mecánico y a una niña.

En septiembre de 2011, una mujer de 74 años murió en Aguilares por las profundas heridas que recibió al ser atacada por un pitbull, lo cual generó conmoción en la provincia y despertó el interrogante acerca de la conveniencia de criar animales de esa raza. En octubre de 2008, en Lules, dos pitbull atacaron a una niña de nueve años, a su madre, a un vecino y a la dueña de los canes. Un entrenador dijo que no es aconsejable tener una mascota de raza pitbull en la casa. "Ningún animal que tenga ese perfil puede tener contacto con transeúntes; yo no aconsejaría la tenencia en una familia. Ni de ese perro ni de ningún otro que tenga una determinada agresividad", afirmó.

La Ley de Profilaxis de la Rabia, vigente desde 1953, que prescribía la creación de un registro provincial de perros, nunca se implementó. El 22 de septiembre de 2008, los ediles capitalinos votaron a favor de la creación de un registro público de canes considerados "potencialmente peligrosos" y otro de criadores y adiestradores de razas como pitbull, rottweiler, dogo argentino y doberman, entre otros. Según la norma aprobada (ordenanza Nº 4.046) los dueños de animales de estas razas debían tener la documentación del perro, con un seguimiento de las vacunas y un examen de comportamiento. La Dirección de Urbanidad e Higiene Pública de la Municipalidad de San Miguel de Tucumán iba a ser la autoridad de aplicación de la norma. El 23 de octubre de ese año, la Legislatura sancionó la Ley 8.129 que regulaba la cría y la tenencia de perros potencialmente peligrosos. Se estableció que cuando esos animales fueran paseados, debían llevar bozal. El Poder Ejecutivo la vetó parcialmente porque no estaba de acuerdo con los órganos de aplicación.

Han transcurrido 59 años desde la entrada en vigencia de la Ley de Profilaxis y Tucumán sigue sin tener un registro de perros. Hay dos normas aprobadas en 2008 que nacieron muertas. ¿Qué hará falta para ponerlas en marcha? ¿Por qué esperar que se produzca otra tragedia? ¿Que un pitbull, un rottweiler o un dogo muerdan a un funcionario o a un pariente de alguna autoridad? ¿Cuáles serán las razones para no proteger algo tan esencial como la vida de los ciudadanos?